La respuesta corta es que no hay que preparar casi nada. La larga tiene dos o tres detalles que hacen que la primera sesión rinda bastante más.
Lo único que conviene traer pensado
Dedícale un minuto antes de venir a estas cuatro preguntas:
- ¿Desde cuándo te ocurre?
- ¿Qué lo empeora y qué lo alivia?
- ¿Hubo algo que lo desencadenara: un golpe, un cambio de trabajo, una temporada de más carga?
- ¿Ha cambiado de sitio con el tiempo?
Esa última importa más de lo que parece. Una molestia que se ha ido desplazando suele indicar que el cuerpo lleva tiempo compensando, y eso cambia por dónde empiezo.
La valoración
La sesión arranca hablando: antecedentes, hábitos, cómo descansas, si tomas alguna medicación. No es un trámite, condiciona el abordaje. Luego exploro el tejido con el tacto para localizar los nudos y las líneas dolorosas, y decidir el orden de trabajo.
Cosas prácticas
- Ropa cómoda. No hace falta traer nada.
- Mejor no llegar con una comida pesada reciente.
- Si llevas férula de descarga, plantillas o alguna ortesis, dilo.
- Si estás en seguimiento por algo, cuéntamelo: el trabajo manual acompaña, no sustituye.
Qué no esperes de la primera
Si arrastras algo desde hace años, la primera sesión sirve sobre todo para ver cómo responde tu tejido. Hay quien nota un cambio claro ese mismo día y quien lo nota al tercero.
Al terminar repasamos qué ha respondido y decidimos si hace falta continuar y con qué ritmo. Sin bonos cerrados de antemano.
